SÓLO PALABRAS

Tengo aún la duda de si hubiese sabido escribir correctamente, hubiese cambiado algo. Me subrayan ser demasiado sincero, cuando esos críticos sólo se mueven por intereses y parece que leen la mitad de lo que escribo.

No soy quien para juzgar su opinión, todos tenemos algo de ceguera, es como tratar de ser justo en un penalti no pitado en un Barça-Madrid…

Además, para entenderlo no creo poder encontrar otro ejemplo mejor que ese. Las cosas del campo quedan en el campo. La tensión, los insultos, los calentones… esos que tornan en abrazos y en para cuándo el siguiente asalto que me ha molado; sabéis de lo que hablo… Pero claro, si a lo único que has jugado en tu puta vida es a mirarte el ombligo o compararte con los maniquies del escaparate, jodidos de entendederas estaremos.

De ahí mi dejarme llevar por un whatsapp que me acerca a un polideportivo a jugar un baloncesto con “desconocidos” un martes cualquiera, a pesar de saber de antemano que el miercoles voy a estar destrozado en el trabajo. Ir a que te cruja la espalda un tío de 120 kilos en el poste bajo y te gane la posición 17 veces en 3 ataques (Mr. Juan Bobis). Dejar a un lado el yoismo y llegar a casa humillado. Eso es quererse y desde ahí se puede llegar a ser crítico.

Hay que cagarseendios cayendo por el precipicio para poder levantar los brazos cuando alcanzas una meta, por pequeña que sea. Hay que sufrir un buen castañazo en la cabeza para apreciar el uso obligatorio del casco. Hay que saltarse las normas millones de veces para enseñar a quien quieres con el alma a seguirlas a rajatabla.

Tengo un defecto como dijo un día de lucidez Antonio Machado: “Sólo recuerdo la emoción de las cosas”. Y si a eso le añado otra frase encontrada en las redes: “Todos tenemos nuestro intenso y privado apocalipsis”.

Sólo me queda decir a los opinadores de mis palabras y/o escritos dos cosas. Primero agradecerles su tiempo gastado conmigo al leer alguna de mis emociones (aunque sea desde el sofá con su iPad), aunque yo soy más de leer cuentos en la cama entre susurros. Y segundo, si un día queréis llegar a tener mis apocalipsis, intensos y tan privados como el secreto que otorga la red (envidiables desde cualquier punto de vista) sed sinceros con vosotros mismos y con el mundo; ocultad lo menos posible de vuestra vida (aunque sea algo que ponga los pelos de punta, como matarse a uno mismo). Porque al final todos, incluso el idiota de Donald Trump tiene esos apocalipsis, no os engañéis.

No pasa nada, al final sólo queda la emoción en los hechos… como dormir poco para saltarse una alambrada para darte un beso a escondidas. Lo demás son sólo palabras.

¡Ahhh, y otra cosa! Para buscar la emoción hay tiempos y lugares adecuados. Yo el otro día no la encontré como hace veinte años en los bares de Villalpando borracho. Como no son tiempos de encontrarla jugando con los sentimientos de una persona que ha dejado el patio del colegio hace otros veinte. No pasa nada por intentarlo y equivocarse en algún momento, todos somos humanos; algunos tremendamente humanos…

Sin más un abrazo, que necesito reponerme de las heridas inflingidas en mi cuerpo en esta nueva primavera tan alterada que me viene azotando y reforzarme para nuevas emociones.

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