JOVEN POETA

Dejamos las servilletas de los bares, por sofisticados smartphones que desacreditan la tinta que coloreaba los pantalones vaqueros con un mojón.

No se me distingue del joven que manda whatsapp insustanciales con urgencia, ni de la madre que habla con su mamá para poder ir al pádel de los martes.

La estilográfica es cosa de abogados y notarios. El poeta sin querer, baila hip hop o escucha en YouTube la vida y obra de Benedetti.

Pero no me alarmo, sólo describo una realidad que incomoda al purista e instruye al joven que quiere largarse de la mediocridad que le rodea.

El que quiere, también; recopila los clásicos, compra librerías en Ikea y decora su hogar con algún grabado contemporáneo.

El caso es escribir. Sea de pie en la cocina o sentado descalzo en el retrete.

El caso es escribir y dejarse el alma en el tintero mientras los demás van al peluquero.

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