Un postre para los sentidos

Es raro, incluso absurdo;

empezar por unas cañas con papas

y terminar exhaustos y despeinados.

Malditos pormenores que hacen

del sexo un postre para los sentidos.

Empecemos comiéndonos un coño,

la punta del glande, tus pezones erectos…

Ya habrá tiempo de cenar algo,

antes de volver al regazo húmedo de tu sexo

mientras arrancas las sábanas con tus dientes.

Suplicar empezar por el postre

no está bien visto, pero no soy de modas;

si tengo hambre como,

si tengo frío me arropo,

si quiero ver lubricado tu sexo

antes de la media noche

mejor hacerlo con el estómago vacío.

Me gusta el sabor de tus fluidos,

mezclar el frescor de mi boca

con tu ardiente coño enrojecido

por mis mordiscos.

Y si tengo hambre me lo bebo,

lo escupo y lo vuelvo a provocar

hasta que su sabor me sacie…

Pero si hay que tomar una caña,

se toma y aparcamos el vicio

para después del carnaval;

todo sea por saciar mi afición.

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