CROSS 12 UVAS 2018

Alguno de mis compañeros me siguió… Pero yo había quedado con mis amigos del pueblo, Fernando y Josema y al llegar a Valladolid y aparcar a la primera, ellos aún estaban terminando de desayunar un poco lejos para la hora que era.

Fui a su encuentro y nos pusimos los dorsales volviendo hacia el coche entre risas por mi indumentaria tan apropiada para el evento. Dejamos la mochila y volvimos al lugar de la salida.

El Cross de las Doce Uvas no tenía nada que ver con la Quedada de dónde venía. Aquí la gente compite de lo lindo, es un circuito enrevesado y estrecho en la orilla del Pisuerga a la altura del barrio de la Rondilla, con subidas y bajadas continuas al que había que dar 3 vueltas y sobretodo con gran afluencia de público.

Las chicas ya estaban terminando su carrera cuando llegamos a la salida. Después de animar y saludar a muchos conocidos y dar el dorsal a Ignacito para vernos un poco más tarde en Palencia, haciendo una foto con su hijo José que se quedó loquito al verme disfrazado. Tocaba una carrera tranquila en el aspecto físico.

No iba a correr por debajo de 5 mntos/km porque iba a acompañar a Fernando en su última carrera como casado sin hijos. La próxima será ya padre de un varón, si todo va bien.

El caso es que salimos de los últimos sabiendo de la estrechez del camino y de los ritmos que íbamos a marcarnos. Pronto Josema nos dejó, aunque no sin dificultades por la masificación del evento y su recorrido. La gente estuvo volcada desde el primer momento, pero no fue hasta la segunda vuelta cuando empecé a disfrutar de mi disfraz con los niños y familias que andaban animando. Por supuesto, con los compañeros de mi equipo que se acercaron.

Al ser el recorrido tan enrevesado era fácil para ellos verme en varios puntos del circuito y para mí ir saludando a todos los gritaban asombrados: ¡Mr. Increíble!, algún despistado: ¡Superman!…

Disfruté de lo lindo, saludando y dando paso a los más veloces que nos doblaron desde mediada la segunda vuelta de tres. Dio tiempo para todo porque Fernando no sale a correr habitualmente y esta es una carrera que utilizamos para salir de vermú con los del pueblo, aunque no quisieron madrugar este año.

Terminamos la carrera abranzándonos y felicitando a Fer por su última carrera “virgen”.

Después más fotos con los de mi equipo, con mis amigos y a quitarme el traje porque estaba empapadito. El sol no había tenido piedad conmigo y me había hecho perder los excesos navideños antes de tiempo.

Una vez guapos nos acercamos a tomar una merecida cerveza y unos pinchos. Pendientes de los demás del pueblo, nos acercamos a buscar a mi primo y su mujer. Se hacía tarde y Fer y Josema se fueron a comer (ya eran las 3 de la tarde), mientras yo me quedé a tomar otro par de ellas y a comer algo antes de acercarme al coche, tomarme un par de plátanos, tomar un café y hablar con Ignacito para ir rumbo a Palencia.

Tengo que reconocer que a pesar de ir a ritmos lentísimos acabé cojeando de mi pierna izquierda y éstos me alertaron de no seguir con mi reto, pero sabía que se me iba a pasar en breve y de hecho, cuando cogí el coche de camino a Palencia, ya ni me acordaba del tema. Las sonrisas fueron tantas a lo largo del recorrido que sucumbieron mis dolencias.

Así es que puse la radio a tope y caminito a Palencia que llegaba justo según mis planes…

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