MM Palencia 2019

“No existen las coincidencias, sólo lo inevitable”. Yuko (XXX Holic)

Podría hablar después de la frasecita de muchas cositas que han pasado este fin de semana… Pero para no aburriros voy a hablar de una peli de terror mal anunciada como otra media maratón más, esta vez, en Palencia.

El caso es que estamos a otras cosas que se han aclarado de una vez por todas… Y lo de menos es mi cuerpo, lo de menos es soportar kilómetros entre una lluvia de alborotados corredores con unas metas increíbles, lo de menos es la camiseta que me pongo o las zapatillas que gasto.

Tocaba protegerse y hacer ver al mundo que puedo correr algo cuando me quito las muletas y así fue… Pero a menos de tres kilómetros algún paparazzi inoportuno me tuvo que pillar infraganti con dolor sobrehumano en el muñón que tengo por pie izquierdo.

No me apetecía madrugar, llevaba una semana tremenda de descontrol numérico indescifrable que me había llevado al desenfreno poético literalmente hablando. Las noches de bohemia se mezclaron con episodios paranoicos de insufrible ansiedad y una narcolepsia irritantemente desordenada.

Una carrera menos hubiese dado igual pero había quedado con dos amigos y no podía fallar. Uno no acudió por problemas físicos y el otro tuvo un extraño sueño con una noria de por medio.

Yo desayuné dos porras y me puse una tobillera ortopédica para paliar los sinsabores que iba a acariciar a partir del kilómetro 12 a su paso por el parque. El pinchazo que sufrí en la planta del pie me hizo jurar en hebreo y saborear el agridulce sabor a sangre…

Así todo, logré seguir animando a todo aquel que se cruzaba en mi camino, desgañitándome como nadie a su paso. Palencia estaba muda a pesar de la marea de energúmenos que salieron a patear sus calles semidesnudas…

En el último tramo, con mi pie pidiendo a gritos frenar en un charco de mierda o una moto sierra para olvidarse del camino; mis muecas de dolor sólo se veían alteradas por las pocas sonrisas de benjamines que coloreaban las lindes del sufrido sendero de asfalto hasta la meta.

¡Maldito paparazzi!

Sino me hubiesen pillado hubiera elegido una foto de unas compañeras de equipo al cruzar la meta mandando besos, pero me tuvo que pillar el fotógrafo pisando huevos en la calle Mayor, con los polluelos dentro.

¡Qué dolor! Como eché de menos el aire puro del Cantábrico y unos esquís para poder mitigar las punzadas que me llegaban hasta el ano…

Cuando el cuerpo te pide cama un domingo por la mañana, le debes hacer caso. Sino, estas cosas pasan. Una terrible historia de dolor insano que no se pasa ni con dos paquetes de tabaco…

Gracias a dios que estuve el fin de semana acompañado de mis amigos, que todos los planes han salido y que no me quejo casi nada, sino ahora estaban buscando un cuerpo tatuado en el río Carrión a su paso por la capital palentina.

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