Chico de anuncio

TTP

2017 11 23

Tiene su encanto salir como anuncio de televisión con 40 años.

Es una gilipollez, pero ilusiona y más después de la mierda de semana que llevo.

Soy de los que piensa que Facebook hace mucho daño… pero joder, hoy me ha devuelto la sonrisa.

Mi tendón de Aquiles y mi tibial anterior me hacen la pascua desde hace unos meses, pero esto reconforta.

Creo que es la primera carrera desde verano que no llevo la camiseta de @solorunners y ¡zas, en too la boca!

Bueno, pues eso, que ya pasó. Inolvidable Trail haciéndose hueco entre los grandes, con excelente “imagen” ;P

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Trail Tierras Pésicas (Cangas de Narcea)

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2017 11 19

El resumen claro es que tengo que parar y recuperarme, pero ha habido más en este Trail de Cangas de Narcea, ha habido mucho más.

El Trail Tierras Pésicas, empezó con la sorpresa de ganar una encuesta junto a una compañera de equipo y gracias al gran @deparunner, al cual pude saludar en Behobia el pasado fin de semana y agradecerle personalmente la invitación; he disfrutado de sus 25 kilómetros por pistas bañadas de hojas, viñas y el gran pico “El Acebo”.

El viaje no salió como planificamos por una mala tarde de viernes, en la que mi compañera acabó en urgencias. Yo no podía hacer nada, así que el sábado emprendí el viaje sólo.

Aproveché para madrugar un poco más y salir antes, con parada en mi pueblo incluida, para tener un buen desayuno el domingo (esas pastitas ricas que me dan tool power); y pasando por Babia recordando el Trail que hice este verano junto a mi gran amigo Burguis (Josema), me planté en Cangas justo para comer.

Comí rápido pues el pueblo estaba lleno hasta la bandera y me subí al apartamento a disfrutar del café y tomar una ducha.

A las cinco me planté a por el dorsal, 440, me tomé una cerveza con la mala pata de que metió un gol el Pucela al Oviedo y no pude por menos que decir de dónde era a los paisanos que le veían con sumo interés. Terminé la cerveza rápido y me largué, no sea que fuera a más (es broma). El caso es que ni derbi ni nada. Me había comprado pasta para cenar, así que sobre las 11 ya estaba metido en la camita.

Me desperté varias veces, pero me levanté descansado. A las 8 ya había desayunado y bajé a aparcar tranquilamente. Un café más, al ladito de la salida y todo arreglado. Había helado (me tocó rascar la luna del coche) y la temperatura era baja. Iba con el cortafrío y una térmica debajo y seguía con frío. Minutos antes de la salida fui a ponerme debajo los manguitos. El día era estupendo, pero el sol no calentaba todavía.

Había que firmar antes de salir, aunque no sé muy bien por qué (a la llegada no volví a firmar) y ya todo equipado, a cinco minutos de la salida y habiendo calentado muy poco; me quité el cortafrío y me puse los guantes.

Gracias al cielo que me dio por llevar la mochila.

Petardos y pirotecnia y se da la salida. Cuesta abajo, en el empedrado que cruza el río Narcea empezó el dolor. Sé que mi pie izquierdo está mal, pero ¡tan pronto no, por favor!. El único planteamiento de carrera que tenía era acabar sin cojear. Si todo iba bien, si el dolor no hubiese aparecido tan pronto, pensaba en acabar antes de 3 horas, pero visto que en cantos rodados y cimentados el dolor ya aparecía lo descarté por completo.

Salía atrás y me dejé ir mucho más atrás. Veía a la gente pasarme y yo iba disfrutando del paisaje. Mi reciente gripón, con 39 de fiebre el viernes; era razón más que suficiente para disfrutar. Sólo y únicamente disfrutar.

Me notaba ahogado y esta vez no era por el tabaco. Desde el principio me escuchaba la respiración, tanto subiendo como bajando. Los primeros kilómetros fueron de subida constante (pasando cerquita de Casa Cachón) por pistas regulares y cubiertas de hojas secas. A pesar de regular por mis dolores tomé un par de referencias que parecían ir comodos con sus bastones. Me daba para hablar con ellos. Me adelantaban subiendo o ibámos a la par y en las bajadas tras el primer avituallamiento les adelantaba con temerosidad, sin perderles de vista; sabía que tarde o temprano iba a agudizarse mi dolor. Mi fui quitando guantes y buff, el calor iba apretando.

De vuelta a Cangas y cogiendo la principal subida, al principio con desniveles asequibles para todos y con un tramo final doloroso, no me encontraba mal del todo. Mis cuádriceps no se calentaron como otras veces. Fui constante e incluso adelanté a mis referencias en la subida a El Acebo. Supongo que me podían más las ganas y la ilusoria bendición de sentir dolores que otra cosa, pero así fue. Era sólo ilusión. En las primeras rampas de bajada, y también lo digo; con mi mente pensando únicamente en mi pierna izquierda, empezó mi cojera. Allí ya me sobraba los manguitos y todo. Recuerdo algún tramo estrecho en el que pasé miedo. Tenía que apoyar con todas mis fuerzas la pata izquierda y estaba tan inmóvil y atrofiada que me salían lágrimas de los ojos.

Cuando habíamos pasado lo más duro de la bajada y os lo juro, pensando caja zancada como no hacerme más daño del que ya tenía; mi mente estaba cansadísima. Era el kilómetro 20 cuando miré el reloj. Mi pierna me decía que me parara y mi mente que ¡por mis cojones! y así cada 100 metros, tomaba los últimos repechos como descansos e incluso me animaba y dejaba la mente en blanco en zonas que sé (por qué ya lo he hecho) que yo me tiraría como un galgo tras su presa; zonas embarradas, cruzando regueros de agua, saltando troncos… adelanté a gente, a muchos de hecho. Pero pisaba roca, duro y me retumbaba hasta la oreja izquierda los escalofríos de dolor.

Los últimos kilómetros volví a ser positivo. En bajadas de pista de barro entremezcladas con asfalto y cruzándome con gente que corría la corta, en esas que tienen curvas donde yo siempre grito: ¡Freno de mano!; ahí, cojeando pero sonriendo iba animando a la gente y aplaudiendo a los voluntarios.

Sonreí con todas las ganas que pude. Si puedo empujar carros que pesan 400 kilos, no voy yo a poder terminar cojeando y sin muletas esto que me gusta tanto y en un lugar tan bonito.

Daba lo mismo, mi pierna y mi pie izquierdo estaban anestesiados. Crucé el río y la última cuesta, esa empedrada que me recordó desde el primer momento que estaba lesionado. La terminé y tan pichi para casa.

El speaker, el mismo que el de la UTPE, me chocó la mano y entré. ¿Estás bien, te duele algo? me comentó alguien, creo (por los videos que he visto de la retransmisión en directo) que era el organizador de la prueba. Nada, respondí yo; tengo el tobillo reventado, gracias.

Saludé a un chico con una chaqueta muy friki, preguntándole dónde la había conseguido. Tenía el símbolo de los ojos de sharingan de Kakashi. Casi se la compro. Era el novio de la chica que me adelantó en el último kilómetro y simplemente la felicité y me fui.

Me fui poniendo el cortafrío y subí al apartamento a ducharme. Me costó un huevo y parte del otro quitarme el calcetín de mi pie izquierdo. Entré descalzo a la casa rural y sin poder ver a los propietarios y agradecerles personalmente su acogida, les dejé con las llaves mi preciada caja de pastas de mi pueblo. Seguro que mi padre me lo iba a agradecer, pero el detalle de dejarme duchar calentito y con calma antes de emprender el viaje de vuelta, debía de ser recompensado.

El resto sin color. Un viaje largo, solitario y dolorido.

Ahora a descansar y a curarse de verdad, supongo.

Un Trail muy recomendable. Al estar tan sumamente jodido una vez parado y duchadito, no tuve humor ni ánimo para quedarme a la comida. Antes de salir del pueblo, dejé mi vale a dos parejas que andaban cambiándose en la furgoneta. Otro año me quedo fijo.

@trailtierraspesicas gracias de todo corazón, volvería a hacerlo lesionado, espero volver a hacerlo en plenas condiciones para el año que viene.

Siempre se supera o siempre me supero

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2017 11 13

Siempre se supera o siempre me supero. Entre tanta gente, es cuando más me creo el centro del mundo, el centro de mi mundo.

Una cosa es clara, ayer desde las 6 de la mañana que me desperté hasta las 9 de la tarde que me acosté, me exprimí. Dejé en cada gesto mi sello, en cada palabra de ánimo mi aliento, en cada mirada el horizonte de nuestros destinos, en cada zancada mi cojera, en cada aplauso todas mis fuerzas.

Así me he levantado hoy a las 6 de la mañana, sin necesidad; entro a las 2 de la tarde a trabajar. Pero me he levantado sonriendo.

Ayer no hubo ninguna casualidad. Me encontré con todos los que me tenía que encontrar y alguno más que no pongo nombre aún a pesar del esfuerzo por recordar al chaval de Barcelona, ¡no hay manera oyes!

El caso es que hubo una presencia que lo eclipsó todo. June fue mi ánimo, mi luz, mi aliento y mi sol en un día cubierto de nubes en Behobia. Qué mujer de 9 años más maravillosa. Hora y media larga con ella fueron suficientes para eclipsar a todo un carrerón.

Behobia, como siempre, millones de ¡Aupa!, ¡Vamos Ángel! y gente sonriendo en cada kilómetro. Pero vivir la experiencia de una irundarra que quiere acercar su Irún natal a Villamayor de Campos (Zamora) por que sí, ha sido lo más espectacular. Ella juega al balonmano y gana porque así las invitan al WcDonald, va a empezar a jugar al fútbol ahora, se acuerda de los dientes caídos de mi prima y sobretodo, pregunta; y por qué te atas las zapatillas así, por qué llevan bolsas de plástico, dónde tiran la ropa, tú no calientas, por qué sales el último… Igualita a mí con 40 años. El centro del mundo entre tanta gente. Oíamos la música cuando queríamos y de repente estábamos solos, saludábamos a gente con una sonrisa y al instante nos perdíamos entre la marabunta y hablábamos con Chiara que celebraba su cuarto cumpleaños al sur de Italia.

La carrera. Salí el último, al lado del payaso que va en bicicleta. Empecé fuerte a pesar de los dolores de talón, pero en cada frenazo y cambio de sentido me dolía más. No pude tirar todo lo que quería pero choqué las manos con la mitad de los niños de Guipúzcoa, así que mereció la pena mis frenazos y mis dolores. Este año casi 5 minutos más lento que el año pasado, igual para el siguiente año tardo más y así choco las manos con la otra mitad de los niños guipuzcoanos.

Tercera Behobia superada, con sobresaliente muy alto.

 

 

El ambiente en Behobia

El ambiente en Behobia y San Sebastián se siente caliente al abrigo de los muros de adobe de la casa del pueblo. 

Aquí, literalmente; embutido entre manta eléctrica e infiernillo y tecleando mi móvil con las manos lo más pegadas al cuerpo y a las mantas que me cubren… me dispongo a descansar antes de empendrer el viaje a una carrera muy especial. 

De hecho, he pasado por el pueblo para coger la ropa que me va a acompañar el domingo por la mañana, hasta que den el pistoletazo de salida. Ropa de trabajo a modo de chaqueta chubasquero, las primeras mallas largas que me compré hace unos años y una camiseta de algodón de propaganda; ideal para minutos antes de la salida, dejarlas aparcadas en la cuneta.

Es la única carrera en que lo hago y tiene su encanto. 

Mañana tocará largo viaje, con paradas no programadas en cualquier lugar que me apetezca. Ventajas de la soledad.

Luego allí, según mi estado de ánimo y mi cansancio me iré programando. Tengo muchos flecos sueltos y eso me gusta, sólo en esta carrera y sólo porqué no dependo de nadie. 

La carrera igual. Ningún plan, nada más que el de salir el último. Igual hasta ese le cambio. ¿Quién sabe? Muchos conocidos que van y quieren quedar, pero no me he comprometido con nadie.

Se me ha pasado por la cabeza hacer un publirreportaje, pero tampoco estoy seguro. Si acaso prefiero vivirlo y posteriormente escribir mi crónica. 

También se me frustró al buscar en los baules ropa extravagante y a la vez cómoda para correr el domingo. No la he podido encontrar en todo el día, así que si eso otro año lo pienso con más calma y lo preparo antes.

El caso es que el domingo 20 kilómetros y pico voy a estar pendiente de cada detalle. Y me van entrando las ganas a pesar de las ausencias destacadas, de la improvisación del viaje, de las inclemencias del tiempo y de no tener todo atado y bien atado.

Behobia por si sola lo pondrá todo en su sitio. San Sebastián me acogerá como a uno más de los participantes y yo, me sentiré único, seguramente orgulloso de volver a correr esos kilómetros mágicos sin ninguna pretensión más allá de sumar un momento excelso a esta rutina que no oxida tanto.

Sé que mi frío desaparecerá al escuchar al Speaker contar la cuenta a atrás y entonces me acordaré de todos los que importan… seguro que termino sudando por el calor de todos los que aparezcais, pequeños y grandes actores de mi vida…

Y quizás, según el desenlace pondré fin o comenzará la temporada 

Supongo que pensando en Behobia…

Supongo que pensando en la Behobia… Aquí junto a @cpgellida (el escritor bueno de Valladolid) y rodeado de pajarines en la acera Recoletos; entenderé mejor mi planteamiento.

Supongo que al sol de la Meseta, que a estas horas calienta, se entiende mejor por que este finde me voy a hacer 1000 kilómetros en un coche destartalado para correr con frío, humedad y lluvia frente a miles de anónimos que no van a parar de animarme ni un solo instante.

El ¡aupa! será mi grito de guerra, como últimamente en todas las carreras; pero aquí también será el suyo. Igual esta vez puedo ir calladito toda la carrera y disfrutar del paisaje sin ahogarme antes de tiempo. Igual el día anterior me cuido tanto que me como un chuletón y una jarra de cerveza bien grande.

Con ganas de todo, menos de hacer un tiempazo. De disfrutar de mi solitario cubículo y quizás escribir más de un acróstico, o simplemente verme medio Juego de Tronos, o sentarme en la playa y fotografiar porqué diablos he venido solo a Zarautz.

Hoy toca hacer la bolsa para el guardarropia con malla térmica, chaqueta e incluso calcetines y zapatillas secas (300 €). Seguir con la ropa que vaya a utilizar poco más o menos hora y media: camiseta manga corta, malla corta, manguitos, guantes, calcetos y zapatillas secas (260 €). Y para terminar cremas y potingues varios para mi maldito cuerpo escombro. El viernes y a mi paso por el pueblo, sacaré de los baules ropa usada para no pasar frío justo antes de la salida del domingo (10 € en gasoil), después ya todo es lo de siempre.

Pero Behobia tiene un color especial, un sonido especial y un final como ninguna película de serie B alcanza a soñar. 

Voy a por la tercera sin la compañía de Ger e Ignacito… así que ya sabéis a quién se la voy a dedicar.

Por lo demás no me lío más escribiendo que llega la familia y Alba y sus papis merecen toda mi atención.

…Continuará