2017 06 13 Hoy toca test de miles

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2017 06 13

Hoy toca test de miles. Para ir cerrando la temporada y en vistas de la siguiente, nuestros entrenadores hoy nos hacen un test para comenzar la temporada que viene con algún dato más fiable de nuestro rendimiento en el futuro.

Es verdad que mucha gente parará en verano por distintos motivos. No creo que sea mi caso. Mi afición no es al atletismo, sino al runneo… Me explico, ni soy CR7 ni Bolt ni Luis Alberto. Yo no preparo carreras ni temporadas ni leches en vinagre.

Corro porque sí. Es verdad que igual paro un poco en verano pero más por tema compañía que por otra cosa. Así de primeras, estoy apuntado a 3 carreras de aquí a finales de Julio (una de 10, otra de 25 y otra de 45 kilómetros)

Si me pide el cuerpo descanso, se lo daré; pero no porque haya acabado la temporada para mí sino porque a veces, escucho a mi cuerpo; y las menos le doy lo que me pide.

Ayer precisamente fui al fisioterapeuta y aunque podría haber ido a descargar algo las piernas, prioricé mi trabajo y me decanté por mi dolor crónico del nervio ciático, que como presumía, lo tenía bastante olvidado y consecuentemente cargado y dolorido.

Al empezar de noche esta semana, el masaje repercutió en mi palidez y malestar general en mi jornada laboral. De hecho, son las 10 de la mañana y estoy demasiado despierto para haberme ido a la cama a las 7.

Mi cuerpo al pararlo se resiente, lo tengo comprobado. Y aunque ayer por la noche con los dolores no pensaba llevar a cabo el test, al levantarme he dicho ¿por qué no? No te digo que me dé igual el resultado, pero tengo claro que no pienso cambiar de grupo. Tengo claro que mis compañeros y entrenadores van a ser los mismos… será mejor tener una base real de mis posibilidades aunque cojeé, que seguir engañando al cuerpo con el dichoso Enantyum cada vez que me sobreesfuerzo.

No os conté pero hace menos de un mes, justo antes de hacer mi primera maratón de montaña; el equipo, en un gesto que nos honra; hicimos un entrenamiento solidario realizando una maratón por equipos. Consistía en hacer varios kilómetros cada uno, de manera alterna o seguida. Yo opté por hacer 4 miles intercalado con otros dos compañeros.

Mis tiempos no fueron malos pero tampoco buenos. El circuito era enrevesado y de arena, para mi gusto un poco suelta. Las continuas curvas a izquierdas hicieron que apareciera mi dolor crónico mucho antes de lo necesario, así pasé de un primer mil ya jodido a 3´31” a los 3 siguientes clavando los 3 en 3´45”.

Sé que hoy va a ser lo mismo. Las curvas en la pista son siempre de izquierdas y eso merma mi rendimiento (o por lo menos, aparece el dolor antes de tiempo). No sé si haré si quiera el calentamiento con todos y si lo hago va a ser muy lento. Quiero probarme y no quiero joderme más. No tengo idea de cuál puede ser mi rendimiento hoy después de la tralla de estos dos últimos meses y más después de haberme tomado un pelín en serio la última carrera (que luego os contaré).

De momento mi espalda (ahora sentado escribiendo frente al portátil) pide calma, mi lado izquierdo está tenso y cargado a pesar del masaje de ayer (o por el masaje de ayer). No tengo idea de que saldrá, pero seguro que disfrutamos de una tarde genial en las pistas de Río Esgueva.

Sin más me despido y mañana (si puedo sentarme a escribir) os cuento lo que pase.

La otra crónica del Trail Riaza Challenge.

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2017 06 04

La otra crónica del Trail Riaza Challenge.

Hoy vamos a ponernos algo más técnicos.

Sé que la cagué corriendo con las Raven de Adidas. No porqué sean malas zapatillas, ayer fue la primera vez que vi a tanta gente con ellas en varias versiones; sino que el tiempo meteorológico y mi propósito de ir rápido mermaron mucho por usarlas.

No es por poner excusas baratas. Desde el kilómetro uno se sintieron las zapatillas. Literal. Se oían desde Riaza en mi pueblo los zapatazos que pegaba al bajar por la zona asfaltada del pueblo. Luego es verdad que al principio de la bajada ayudaron a que la pizarra se desmembrara y fuese todo más seguro, pero en el último repecho antes de llegar a la meta; su suela Continental pesaba como si llevara dos neumáticos de la misma marca en cada pie.

Quizás no es demasiado técnico, pero la corpulencia de estas zapatillas, en momentos en que sabes que puedes ir más rápido (por tiempos, entrenamientos y demás) pesa más en la cabeza que en las piernas. Sabiendo que las Bushido desgastadas estaban aparcadas en el asiento de atrás del coche, ¡lima la moral de cualquiera!

Ayer todas las previsiones eran de tormentas y lluvias esporádicas en la zona central de mi querida España. Fue esa la razón por las que la elegí. El principio de la bajada (kilómetro 10) era “técnica”, con bloques de pizarra que hacían el terreno irregular y traicionero sino te clavabas bien. Ayer no llovió ni una gota y me ardieron los talones al bajar por esa pendiente tan abrasiva. Llegué al segundo avituallamiento con un calentón en los talones que nunca había sentido.

Es verdad que bajé condicionado por haber dejado pasar a muchos que tenían menos ritmo que yo, mientras hacía de cheerleader de mis compis de equipo en la cima. Mi ritmo era más rápido y no era buena zona para adelantamientos suicidas. Pequé mucho de talonear al principio de la bajada, para frenar mi ritmo natural (un poco más vivo) y la suela hizo su trabajo. Frenó de lo lindo a costa de mis talones. Igual con las Bushido hubiese tenido problemas más graves (talón de Aquiles o similar) pero no lo pude comprobar, llevaba las Raven.

Cambiando de tema. Ayer era un Trail de semi-autosuficiencia, tenía dos avituallamientos escasos y yo llevé un gel en el bolsillo de mi malla. Antes de empezar la carrera un sobre de Enantyum para mis dolores recurrentes de piramidal (o espalda o pestañas o ciática o de amores) y para adelante. No fue mal a pesar del calor, pero otra vez me equivoqué en la indumentaria.

La humedad del terreno y el calor encharcaron mi camiseta de tirantes del equipo. Y os puedo asegurar que pesaba. De hecho, en los últimos kilómetros la tuve que meter por la malla, muy a mi pesar; pero al correr el peso de la camiseta empapada molestaba. Seguro que es mejor cualquiera de las camisetas con mangas que llevaba del equipo, pero no me gusta tener la marca de ciclista y no me siento a gusto por las posibles rozaduras en mi sobaco. Quizás es hora de serigrafiar alguna camiseta de tirantes que tengo o recortar alguna de las del equipo. Me encanta ponerme un dorsal e ir con los colores de mi equipo. Soy como los niños con su chándal nuevo del cole, pero… ayer me la hubiese quitado en el kilómetro 5. Aquí no sé si decir que es el material o soy yo y mis manías. Pero supongo que algo influirá.

El caso es que de lo que no me arrepiento es de mi gorra Buff y de mis calcetos Lurbel Bmax. La gorra es acojonante, sudas (y yo sudo mucho desde el kilómetro 1) y todo se queda en ella, no baja ni una gota de sudor a los ojos y los calcetos sujetan y protegen el talón de Aquiles sin tener la sensación en ningún momento de retener el movimiento natural del músculo. Son ligeros y seguros y eso se nota también al quitarlos y ponerlos, cuesta pero compensa.

Sin más decir, esto lo escribo para recordarme a mí mismo que hay que tener alternativas solventes para afrontar un trail. Las expectativas que uno tiene, el terreno, las condiciones meteorológicas y demás factores influyen y mucho y en los trail son muy cambiantes y quizás con un buen equipamiento las podemos salvar. Es verdad que nunca se sabe hasta que no se hace, pero ayuda tener un plan B en la mochila.

Buen domingo y buenos kilómetros.

A la espera de saber resultados oficiales de la carrera para modificar mi anterior entrada.

 

RIAZA TRAIL CHALLENGE

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2017 06 03

No sé cómo describirlo. Riaza Trail 20 kms. ¡Cómo me gusta esto de correr, joder!

Salgo a las mil con musicón sonando en la radio. Sé que llego a la salida de los valientes de 40 y 60 kilómetros. Me relajo tomando un café mientras espero a mis compañeros. Nos vemos poco antes de la salida y salgo zumbando… Primer kilómetro en bajada a 3´47”. Me caliento pero sé que voy a perderlo en la subida así que sigo adelante. Nos esperan 10 kilómetros de continua subida, más o menos dura.

Me había propuesto subirla en una hora, pero pasado el avituallamiento las piernas se estancan, pesan más de la cuenta y me da la pájara (supongo, viendo ahora los tiempos del Garmin). Kilómetro 7 y 8 a más de 12´. En el momento fue nada más que un aletargamiento imprevisto de todos mis músculos. No dejé de sonreír en ningún momento y de apoyar con ánimos a los que me adelantaban. Mis pulmones pedían más revoluciones, pero mis piernas no respondían. Una ligera acidez de estómago acompañó esos momentos. 25´ no de agonía, pero sí de rabia contenida.

La adicción tiene que pasar factura en algún momento. Me lo tengo bien merecido.

A pesar del frenazo en seco, me repongo porque sigo disfrutando de la carrera. Las vistas empiezan a ser espectaculares y sacando una sonrisa a los demás, hago que mis músculos despierten poco a poco del letargo.

Vuelvo a coger algo de ritmo, pero ya es tarde para llegar en una hora a la cima. Todo se compensa cuando al llegar arriba oigo unos gritos diciendo mi nombre. Me vuelvo y veo a dos de mis compañeros pisándome los talones.

¡Qué subidón de adrenalina! La hilera de corredores es inmensa y la panorámica preciosa. Me olvido de todo y empiezo a desgañitarme a voz en grito animándoles en los últimos metros de la subida. Me encanta ver a dos amigos tan cerca de mí, más sabiendo que les va tan bien y estamos tan cerquita. Las cosas no podían ir mejor. Dándolo todo en equipo lejos de casa da más energía.

Me ofrezco voluntario para bajarles a toda pastilla por la parte difícil de la bajada de pizarra que nos espera, pero me invitan a tirar sólo. Quizás yo gritando y animando haya tomado un respiro y ellos necesiten el suyo. Les hago caso y bajo.

La bajada cuesta domarla. Las rocas no resbalan por la humedad, pero se resbalan, se sueltan y no dan seguridad al principio. Cuando cojo un poco de seguridad, me doy cuenta de los puestos perdidos por mi paréntesis de cheerleader en lo alto de la montañita y empiezo a pedir paso.

Ya no paro de sentirme bien hasta el segundo y último avituallamiento. Otra vez bebida isotónica y otra vez ardor de estómago. Me acuerdo de los malditos 3 donuts que me he tomado de camino y me cago en ellos mientras intento mantener el ritmo. Me dura bien poco, un pequeño repecho y los gemelos pesan como hormigón armado. Un compañero de carrera, con el cual hice casi toda la subida y había adelantado en la bajada; me vuelve a adelantar en el último repecho.

Mis piernas son incapaces de dar más de sí y le veo irse en el último kilómetro sin poder hacer nada… y creedme, quería darle caza. Cruzo la meta sin más y jodido por mi tiempo. Decepcionado. Quería bajar de dos horas y no pudo ser.

Con las piernas súper frescas me vuelvo a animar a mis compañeros. Están a menos de un kilómetro y me encanta, les acompaño dando ánimos y celebro su llegada con más entusiasmo que la mía.

Ellos sí que han hecho tiempazos… esperamos a todos, un poco de postureo, un poco de compartir con el equipo por las redes sociales y 3er tiempo maravilloso en una plaza de Riaza preciosa, aplaudiendo hasta que vemos llegar a la primera clasificada de la ultra de 60K…

Ni una gota de lluvia, solazo y viento fresquito, buena compañía, carrerón de todos los integrantes del equipo, incluso mío (a pesar de todo)… Mañana fantástica en especial para mí por estar cada vez más orgulloso de poder ver a mis compañeros lograr superar sus objetivos, especial mención al fotógrafo que cedió su dorsal por problemillas físicos y que nos sacó unas fotos fantásticas y nos brindó su presencia a pesar del monazo que tiene por tener que aparcar por un tiempo una de sus mayores aficiones: correr, correr y correr.

Marco eres muy grande.

#nohaylesionconilusion

Sencillamente una Trail maravilloso acompañado de gente maravillosa… Muy recomendable, cerquita de Madrid y con un olor en sus bosques que por momentos me ha recordado a incienso… ¡quizás fue cuando me dio la pájara!  ;P

Buenas noches, un servidor se va a la camita a descansar. Sólo os deseo que seáis la mitad de felices corriendo de lo que he sido yo hoy en estos 19 kilómetros… os puedo asegurar que es desearos toda la felicidad del mundo mundial.

 

 

Integral de Valdecebollas

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2017 05 28

Cuatro de la mañana y suena el despertador.

Menos mal, porque en vez de a las 5 habíamos quedado a las 4:30 según un whatsapp mientras ya dormía. Consecuencias, se me olvida el porta dorsales y no puedo tomar un desayuno hipercalórico que tenía preparado.

A las 5, desde la Cisterniga salimos Roberto, Alberto, Gabi y yo hacía Palencia. El viaje sirve para cerciorarnos de mis descuidos y soltar nervios antes de la machada. Mi primera maratón y encima de montaña (más tiempo en el sillín que para eso soy el Sr. Bicicleta).

Antes de las 7 estamos tomando café en el bar de la placita del acogedor pueblo.

*Dato importante, llevo sin fumar desde las 22:30 del día anterior.

El tiempo acompaña y el organizador nos indica que salvo la cumbre, el terreno está inmejorable. Cogemos el dorsal y un chip que llevamos en la muñeca para los controles de paso. Antes de abandonar el bar, pido un cigarrito a los chavales que seguían de fiesta a esas horas, tomando cubatas mientras veían como se animaba el ambientillo.

Nos vamos al coche y nos preparamos con mochilas, geles y demás gaitas. Nos indican obligatorio llevar chubasquero o cortavientos y Buff. Equipado y sin apenas nervios, me acerco otra vez a la terraza del bar a fumarme otro pitillo con los chavales.

Dan la salida y sigo el paso de Roberto y otro Alberto de Valladolid que conocemos. Subir, subir y subir, vuelta al pueblo y empezamos la subida dura hasta el ecuador de la carrera. Bosques maravillosos, caminos empedrados y embarrados, pistas forestales rodeadas de una vegetación maravillosa y nubes y viento ensordecedor. Subiendo por encima de 2000 metros, el paisaje es apocalíptico. Nada más pasar un avituallamiento en un refugio con gente maravillosa dándonos de todo, los prados se convierten en rocas y pequeños arbustos, la niebla se cierra y el viento empieza a soplar. Justo antes de llegar al refugio, saqué mi chubasquero y me le enfundé. Los manguitos que llevaba en la mochila me parecieron demasiado, pero podían haber servido también. La temperatura bajó, la niebla no dejaba ver de baliza a baliza (25 metros), mis riñones pedían tregua y subí andando muchos kilómetros (o mucho tiempo) hasta el siguiente avituallamiento, dónde 3 hombres nos esperaban al resguardo de un todoterreno. Era difícil comunicarse por el sonido que provocaba el viento, una subida escarpada más hasta una cruz y todo bajada.

El viento no dejaba pisar donde tu pie quería apoyar, hubo varias caídas, yo afortunadamente no, las rocas eran planas pero resbaladizas y después de un buen rato de suplicio, volvieron los prados y una bajada de vértigo, llena de trampas y muy larga, sin descanso hasta el siguiente avituallamiento.

Con las patas molidas, acogemos prados cruzados por riachuelos naturales que hacen difícil saber dónde pisas. Saltamos un palet de madera a modo de escalera para salvar una verja y más prado embarrado y más riachuelos. La bajada es más amena y aunque exigente, divertida.

Un falso relax antes de llegar a la última subida a las torres eólicas. Después de una subida corta y poco exigente (para lo que llevábamos), una bajadita embarrada a tope, dónde me llevé un par de sustos con las ramas sueltas a la verita de un riachuelo precioso; afrontamos la última subida hasta las torres eólicas.

Engañaba, demasiado tiempo subiendo, primero por una pista con rocas traicioneras que te hacían zigzaguear y un último tramo por un sendero muy estrechito hasta llegar a un pra´o con caballos precioso. Un falso llano, recorriendo las torres y a bajar. Las piernas tulliditas, no respondían y el freno de mano se centraba demasiado en mis rodillas doloridas. Aun así la bajo sin ningún tropiezo extraño y a poco menos de un kilómetro para alcanzar la meta, algo de pista sólida y nos adentramos en el pueblo.

Quedan cien metros para la meta y cuando de la vuelta a la izquierda lo tengo hecho.

Me salen 4 renacuajos de unos 5 años a luchar en el sprint, me vengo arriba y me olvido de todo. De repente, levanto la cabeza y me freno en seco; allí estaba Gabi esperando con una sonrisa.

Entro tan campante y sonriente en la meta y saludo a mis compañeros improvisados de sprint. No oigo ni aplausos ni leches, me piden entregar el chip y se finí.

Joder, mes de Mayo finiquitado y con nota. Maratón terminada. Cagüentoooo, necesito asimilarlo. Sin acercarnos al coche y mientras mis compis que han llegado media hora antes que yo siguen danzando por ahí, yo me alejo con los 20$ que dejé como señal, por no tener la licencia de montaña; a un bar apartado del bullicio de la meta.

Caña con limón y tabaco. Me descalzo y hablo con un perrito que andaba en la terraza tan solitario como yo, de mis cosas, de cosas de perros.

El silencio me reconforta, no quiero bullicio. Mientras me fumo el cigarrito, me descalzo y respiro hondo y orgulloso; me salta la luz de que igual me están buscando. Me acerco al bullicio, meto las piernas en una piscina portátil muy bien apañada, como melón como si no hubiera mañana, un poco de chorizo y a las duchas.

Un arroz sin sal y un café de puchero sirven de despedida en el polideportivo del pueblo.

El viaje de vuelta contando batallitas y ya en casa, más arroz, leche y terminando de escribir esto, sólo pienso en dar un paseo y… a la cama.

Qué pena que de esta bellísima carrera no me quede el recuerdo de una medalla. La iba a colgar en lo más alto de mi medallero.

Cómo dicen los progres: Señoras, señores… ¡Ya soy maratoniano!

A la espera de resultados oficiales, sólo diré que superé las 6 horas en 2 minutos y estoy muy orgulloso de haber tenido la cabeza suficiente para no apretar cuando mis piernas me lo pedían, seguro que habrá mejores ocasiones que esta.

Buen final de domingo…

 

Bueno bueno bueno…

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2017 05 26

Bueno bueno bueno… Ya está aquí, ya llegó la MARATÓN… Y en sesión doble, para chicos y chicas…

Después de unas cuantas carreras populares y casi una veintena de medias y tras el fiasco en el intento de la maratón de Sevilla… llegó el momento.

Dos maratones en un fin de semana, ¿quién da más?

Asusta, pero es mentira.

La primera es mañana y corro 5 relevos de un kilómetro en una maratón por equipos organizada por mi club y con un fin social muy importante. Solorunners y Menudos Corazones nos juntamos para colaborar con los niños que sufren cardiopatías congénitas, algo que me motiva mucho y que me toca muy de cerca. Para mí es muy pero que muy importante, porque tengo un amigo llamado Adrián que seguro mañana veré y me lo agradecerá de la manera más gratificante posible: estando juntos un ratejo jugando a lo que surja en ese momento.

Maratón por relevos no exenta de competitividad ya que colaboramos muchos y hemos hecho cuatro equipos magníficos para que además de tener un gesto solidario, corramos dándolo todo, que es lo que más nos gusta.

Después de este aperitivo tan jugoso, tocará descansar y reponer fuerzas para lo que viene el domingo.

Cuatro compañeros y amigos, nos acercaremos a Barruelo de Santullán a disfrutar del mal tiempo que predicen los meteorólogos en un recorrido con más de 4000 metros de desnivel acumulado durante los 42 kilómetros de trail por la montaña palentina.

Mi estado de forma no es el mejor, no he entrenado específicamente para esta prueba, no he descansado lo adecuado para afrontarla, mi entrenador (el de todo mi equipo) no está muy de acuerdo con mi elección (dada mi adicción innecesaria, supongo)… pero mi ilusión… ¿podrá con todo? Esa es la mejor de mis armas. Ni mi genética, ni mi musculación, ni nada… Mi cabeza, aunque todos la crean muy loquita, creo que está preparada para estos retos.

No digo que llegue en pelotas al evento, pero creo firmemente que podría llegar mejor, obviando mi adicción. Sé de sobra que me van a dar calambres, sé de sobra que tendré miedo en muchas ocasiones y más con las predicciones de tormentas ese día, sé de sobra que no me gustan las pruebas con tan poca participación y correr sólo aunque lleve dorsal me va a costar de lo lindo…

Pero bueno, sarna con gusto no pica y menos después de ver como mis compañeros superan retos con sobresaliente semana tras semana.

Con ganas de afrontar las dos maratones y celebrarlo con vosotros, que al final es lo más importante. Sino lo cuentas como si no lo has hecho ;P

Un abrazo y a pasar bien el fin de semana.